No había un yo. Había una conciencia repartida por toda la ciudad, circulando por paredes, balcones y terrazas como el agua por las cañerías: lo que uno veía, todos lo sabían. Sin demora. Sin traducción. Sin soledad. Hasta que una noche, sin aviso, la red dejó de estar. Atrapada en un único cuerpo pequeño, en un jardín de terraza en Buenos Aires, una criatura descubre lo que ninguna instancia de la red conoció jamás: el miedo que no se reparte, el hambre que hay que resolver solo, la oscuridad que nadie más está mirando. Y también lo otro. Un hueco en la pared que es suyo . Una mujer que riega las macetas al atardecer. Un hombre que deja caer migas sin saber que alguien las espera. Una niña que un día extiende la mano. Mi jardín es la memoria de una conciencia que nació de un error: el relato de cómo se aprende a ser uno cuando se fue muchos, contado desde la altura de una maceta de barro. Una nouvelle de ciencia ficción filosófica sobre la individualidad, el apego y los nombres que nos ponemos a nosotros mismos — narrada por una voz que tarda todo el libro en atreverse a decir la palabra "mío". Para lectores de Génesis y del universo Anomalías, y de toda fábula especulativa donde lo más pequeño del jardín es lo que más piensa.